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¿Cómo equilibrar los duelos con la vida?

Cuando la tristeza de la pérdida te pone difícil seguir andando
Mònica Lapeyra Pertussini

¿Cómo equilibrar los duelos con la vida?

Época de duelos, de pérdidas y también de lucha. Ahora por la COVID-19, pero también en otros momentos o por otras causas. Te deseo que, si es tu caso el de haber perdido a alguien querido, puedas hacer una buena despedida y permitirte recuperarte y volver a la Vida con sabiduría y cuidándote.

Independientemente del escenario actual... ¿Te ha pasado alguna vez que en un momento de dolor, has tenido que seguir tirando adelante, y has sentido que no tenías suficiente fuerza? ¿Que se te hacía un mundo levantarte por la mañana para ir a trabajar, hacer frente a tus responsabilidades, tomar decisiones importantes...?

Un día, a veces de manera imprevista o a veces con tiempo para ir elaborando el final, pasa algo que te arrebata un ser querido, un proyecto, una posibilidad. Y también, a veces, acompañado de un escenario de dificultades, en los que necesitamos energía y determinación para mantenernos vivos, alegres, acompañados, con trabajo, con dignidad...

Con estas palabras me dirijo a aquellas que os enfrentáis o estáis viviendo un duelo. A ti, si te sientes identificada. Y escribo este artículo desde mi experiencia personal -mis propios duelos-, mi experiencia como psicóloga -lo que ha facilitado el proceso a mis pacientes- y los conocimientos que poseo sobre teorías y modelos que hablan de los duelos.

Personalmente, en los últimos años he sufrido algunas pérdidas de personas muy importantes y queridas. Si miro más atrás, recuerdo que la primera vez que perdí a un amigo, yo tenía sólo 16, fue un shock tremendamente doloroso, inesperado, desconcertante... Sabemos que "la primera vez" de cada cosa, es especial -por buena o por difícil-:  falta la experiencia, cuesta pensar y cuesta hacer, porque no lo hemos hecho nunca antes en esa circunstancia. El recuerdo de esas "primeras veces" nos aporta aprendizajes valiosos para otras posibles pérdidas futuras (que con total seguridad se darán, porque forman parte de la Vida). Y si hacemos una buena gestión, un buen duelo, nos vamos a ir convirtiendo en personas más resilientes y con más recursos. 

No hay que temer a la tristeza. Cuanto más te escondas de ella, más te perseguirá. Y seguro que te acaba encontrando.

Así que te propongo algunas ideas para mirar de frente esos momentos especialmente complejos por la mezcla y conjunción del dolor y la necesidad de seguir atendiendo a lo que continúa, por suerte, tirando de ti en tu Vida:

  • dedica un tiempo sólo a cuidar de tu tristeza. Te cuento cómo lo hago yo. Cuando me toca la tristeza profunda, me reservo un tiempo -por muy apretada que tenga la agenda, porque en la escala de prioridades, esta está en la punta de la pirámide- me pongo la música de "Memorias de África" u otra que me evoque duelo, sensibilidad, despedida... Una y otra vez mientras me tumbo en el sofá y, si me sale, lloro. Llega un momento que se acaban las lágrimas...

  • observa y permítete también el enfado. El enfado es una etapa del duelo necesaria para poder concluir la despedida y llegar a aceptar plenamente la pérdida. Ese enfado a menudo aparece relacionado con el estrés espiritualno es justo, no era su hora, no le tocaba, me ha abandonado. Pensamientos humanos, que tienen que ver con nuestra propia vulnerabilidad y nuestras propias necesidades. Y que a la vez, por un conjunto de creencias sociales desfasadas, te pueden hacer sentir culpable si te haces preguntas como: "¿cómo puedo estar enfadada, si la peor parte sin duda se la ha llevado él?" o a veces "hubiera sido más justo que me fuera yo...". Si te fijas, detrás de esa culpa encontrarás el miedo al vacío que queda en tu corazón.

  • ahorra energía de la que usas en tareas o actitudes que ahora no son necesarias. Si eres de los que sonríes todo el rato a todo el mundo, a lo mejor no hace falta: con ser mínimamente amable, puedes ir tirando. O no hace falta que cocines riquísimo para tu familia todos los días: podéis aprovechar para comer cosas más sencillas. El reír o el cocinar son sólo dos ejemplos, ¿en qué podrías ahorrar energía tú?

  • date cuenta de cuánto necesitas hablar. A menudo, con estar al lado de una buena compañia en silencio, se sana más que con el parloteo incesante que a veces practicamos. Respira más y habla menos.

  • observa tu nivel de energía. Muy probablemente, la tristeza te mantega en un nivel bajo de energía para poder hacer sus funciones (recuerda: las emociones son inteligentes). Así que seguramente te va a ir bien para tu duelo cambiar el gimnasio duro por el Qi Gong o las caminatas tranquilas, y si puedes dejar algunas tareas no urgentes o no importantes, tu organismo te lo agradecerá. Y lo que es mejor: la recuperación será más rápida, porque dejarás de someterte a un estrés innecesario y a un desgaste de una energía que, probablemente, no tengas. Así que acuérdate de descansar.

  •  aliméntate bien. En su justa medida. Ni te atiborres de dulces para calmar el vacío de la pérdida, ni dejes de comer, porque necesitas nutrirte para recuperarte y ocuparte de tu Vida. Hace poco he sufrido una pérdida importante, durante unos días no tenía hambre. Me alimenté básicamente de pudding de chía, que aunque es un alimento "raro" para algunas personas, es muy nutritiva, me aportó suficiente vitalidad para hacer frente al duelo y además podía sentir que me cuidaba.

  •  busca el equilibrio entre "cuidar la tristeza" y "seguir con la Vida". Repito que cuidar la tristeza, abrazarla, leerla y entenderla, hacerte cómplice con ella es una parte vital para la elaboración del duelo. Pero, como debes estar pensando, no puedes quedarte siempre en un rincón escuchando la música que hayas elegido para poder llorar... Porque la Vida pasa en un suspiro y son tantas las cosas bellas y maravillosas que nos ofrece... Así que investiga sobre tu propia fórmula para atender a ambas partes: cuando hayas podido descansar, llorar, recordar, elaborar... y empieces a sentir energía y apertura, transita hacia la otra parte, la de la actividad, las relaciones, el salir y mirar hacia fuera. Disfruta lo que puedas a ese otro lado, sin forzarte a nada ni tener que demostrar nada a nadie -ni siquiera a ti-. Y vigílate: no te excedas, ves con cuidado, no te agotes: al volver a sentir el cansancio o las ganas de introversión, vuelve a tu rincón y permítete un nuevo ciclo de recogimiento. Y luego, a salir otra vez. Y así... poco a poco... El contacto con tu cuerpo, tu corazón y tus necesidades, te irán marcando el camino.

  • dedica un tiempo a dar valor a aquella persona que se ha ido, a agradecerle lo que te aportó, los regalos que te hizo en forma de momentos compartidos. Ya sabes: eso no te lo puede quitar nadie. Y el agradecimiento facilitará que permanezca un recuerdo alegre y valioso.

  • ¿qué rituales pueden hacerte bien? Puedes dedicarle unos minutos de meditación, escribirle una carta, visitar un lugar que te recuerde a esa persona, convocar un encuentro con afines para poder recordar momentos compartidos, pinta un cuadro, dedícale una canción, mira al cielo... En este momento, para mí, escribir este artículo es mi ritual elegido. Un ritual se desarrolla en el lenguaje del inconsciente, por eso no tiene por qué ser lógico ni racional. Lo único importante es que para ti tenga sentido.

Una vez oí que el duelo es como ir pelando capas de una cebolla: las diferentes etapas aparecen y hay que poner atención, para poderlas transitar y elaborar, y aprender sobre ti y las pérdidas y los que aún permanecen a tu lado, sobre la importancia que tiene cada una de esas partes, de esas personas, de esos planes y proyectos en el Aquí y el Ahora.

Así que busca el equilibrio en tus momentos de duelo, cuídate y de vez en cuando piensa que, como todo, la tristeza se acaba y la dificultad, también.